rubok
Written on 3/16/2026
El espejo cóncavo en el que nadie quiere mirarse (y por eso es una obra maestra)
Parecía imposible que, a estas alturas de la función, José Luis Torrente pudiera sorprendernos. Estábamos equivocados. Santiago Segura ha orquestado con 'Torrente, presidente' no solo la entrega más fresca, ágil y redonda de toda la franquicia, sino posiblemente la comedia de crítica política más aguda, valiente y necesaria de la última década en el cine español.
Y lo ha hecho con el arma más letal que existe: una carcajada libre de peajes institucionales.
En una época donde la cartelera a menudo parece dictada por argumentarios de partido y donde el cine patrio peca en ocasiones de querer adoctrinar más que de entretener, Segura ha optado por el camino difícil. Ha lanzado a su antihéroe patrio directamente al fango de la carrera electoral, construyendo un esperpento brillante que dispara a discreción. Aquí no hay bandos buenos ni malos; aquí hay un retrato visceral de la picaresca, el oportunismo y la mediocridad que orbitan alrededor del poder.
¿Por qué funciona tan bien? Principalmente, por su abrumadora independencia. La película respira porque no está financiada por favores políticos, no le debe pleitesía al gobierno de turno ni busca la palmadita en la espalda de la oposición. Es humor en estado puro, gamberro y sin filtros, que utiliza la hipérbole para contarnos verdades como puños sobre la corrupción sistémica. Es divertida a rabiar, sí, pero entre carcajada y carcajada te deja un nudo en el estómago al darte cuenta de que la realidad, a veces, supera a la pantalla.
Pero quizás, el mayor triunfo de 'Torrente, presidente' no se esté proyectando en las salas, sino que se esté leyendo en las páginas de otros medios. Basta con echar un vistazo a las reseñas publicadas esta última semana para confirmar el rotundo éxito de la propuesta de Segura. Las críticas más feroces, curiosamente, han venido de las trincheras mediáticas más altamente politizadas. Los voceros mediáticos de un extremo la tildan de "peligrosa y reaccionaria", mientras que los panfletos del bando contrario la acusan de "ofensiva y destructora de los valores tradicionales".
Esa polarización histérica de la crítica "seria" es la prueba definitiva de su acierto. Cuando a una película le llueven palos desde los polos opuestos del espectro político, significa que ha tocado hueso. Significa que ha desnudado las vergüenzas y la corrupción de unos y de otros con tal precisión que los guardianes de las esencias no tienen más remedio que enfurecerse. Segura ha puesto un espejo frente a la clase política y sus acólitos mediáticos, y el reflejo es tan feo que han intentado romper el cristal a pedradas.
'Torrente, presidente' trasciende la mera etiqueta de secuela. Es un ejercicio de libertad creativa monumental, una sátira que utiliza el trazo grueso para hacer una disección finísima de la España contemporánea. Es, en definitiva, la película que no sabíamos que necesitábamos urgentemente.
Marco-Hugo Landeta Vacas
Written on 6/27/2026
(CASTELLANO) Torrente Presidente vuelve a demostrar que una cosa es tener un personaje popular y otra muy distinta tener todavía algo interesante que hacer con él. La primera película de la saga tenía una fuerza evidente porque era la primera vez que aparecía José Luis Torrente: un esperpento repugnante, racista, machista, corrupto, casposo y miserable que funcionaba como caricatura brutal de una España que daba risa y asco al mismo tiempo. Aquello podía tener impacto porque el personaje irrumpía con una mezcla de grosería, mala leche y novedad. Pero después de tantos años, la fórmula ya no sorprende. Y lo que no sorprende, si además no hace gracia, se convierte simplemente en basura repetida.
Esta nueva entrega mete a Torrente en política, un terreno que en teoría podía dar muchísimo juego. Con la España actual, con el ruido constante, los populismos, la crispación, el Congreso convertido muchas veces en espectáculo y las redes sociales funcionando como estercolero, había material de sobra para una sátira salvaje. El problema es que Torrente Presidente no muerde de verdad. Se burla de todos, sí, pero eso no basta. Repartir golpes en todas direcciones no convierte automáticamente una película en inteligente ni en valiente. A veces solo la convierte en cómoda.
Lo peor es que los chistes hace mucho que dejaron de tener gracia. La película insiste en el humor grueso, en la provocación fácil, en el cameo, en la frase guarra, en el guiño reconocible, en la misma estructura de siempre. Pero ya no hay sorpresa, ni colmillo, ni verdadera incomodidad. Torrente puede seguir siendo desagradable, pero ya no resulta peligroso ni especialmente divertido. Es como ver a alguien repetir una gracia que funcionó hace veinticinco años y esperar que el simple reconocimiento produzca risa.
Y no es una cuestión de corrección política. El problema no es que sea ofensiva. El problema es que es mala. Una comedia puede ser salvaje, incorrecta, sucia, cruel y funcionar perfectamente si tiene ritmo, precisión, mala idea y escritura. Aquí lo que hay es ruido. Mucho ruido, mucho exceso, mucha zafiedad, pero poca verdadera comicidad. La película parece confiar en que el personaje, por estar ahí, ya basta. Pero no basta. El personaje está agotado.
También resulta difícil no pensar en Santiago Segura. Su primer personaje en cine, en El día de la bestia, estaba bordado. Allí tenía una presencia cómica y perturbadora muy potente, algo sucio, raro y memorable. Desde entonces, con Torrente, consiguió crear un fenómeno popular enorme, eso es indiscutible. Pero popularidad no significa calidad. Que mucha gente vaya a verla al cine o la ponga en plataformas no convierte la película en buena. También las mierdas están rodeadas de moscas y no por eso nos las comemos.
Torrente Presidente intenta venderse como espejo deformante de la España actual, pero el espejo ya está demasiado empañado. Lo que en su momento pudo tener algo de esperpento hoy suena a repetición industrial. La política, los medios, los famosos, los ultras, los ofendiditos, los cuñados, todos pasan por la trituradora, pero la película no dice gran cosa sobre ninguno. Más que sátira, parece acumulación de ocurrencias.
La primera Torrente se salvaba porque el personaje aparecía por primera vez y todavía tenía una capacidad de shock. El resto de la saga, incluida esta, para mí es más de lo mismo: vulgaridad sin verdadera gracia, provocación sin inteligencia y una explotación interminable de una broma que ya dio todo lo que tenía que dar. No merece perder ni un minuto.
(ENGLISH) Torrente Presidente proves once again that having a popular character is one thing, and still having something interesting to do with him is something else entirely. The first film in the saga had an obvious force because it was the first time José Luis Torrente appeared: a repulsive, racist, sexist, corrupt, tacky and miserable grotesque figure who worked as a brutal caricature of a Spain that was funny and disgusting at the same time. That could have an impact because the character arrived with a mixture of vulgarity, nastiness and novelty. But after so many years, the formula no longer surprises. And what no longer surprises, if it is not funny either, simply becomes repeated garbage.
This new installment puts Torrente into politics, a field that in theory could have offered a lot. With contemporary Spain, the constant noise, populism, polarization, Congress often turned into spectacle and social media working like an open sewer, there was plenty of material for a savage satire. The problem is that Torrente Presidente does not really bite. It mocks everyone, yes, but that is not enough. Throwing punches in every direction does not automatically make a film intelligent or brave. Sometimes it only makes it comfortable.
The worst thing is that the jokes stopped being funny a long time ago. The film insists on crude humor, easy provocation, cameos, dirty lines, recognizable winks and the same old structure. But there is no surprise anymore, no bite, no real discomfort. Torrente may still be unpleasant, but he no longer feels dangerous or especially funny. It is like watching someone repeat a joke that worked twenty-five years ago and expecting recognition alone to produce laughter.
And this is not about political correctness. The problem is not that it is offensive. The problem is that it is bad. A comedy can be savage, incorrect, dirty, cruel and work perfectly if it has rhythm, precision, wickedness and writing. Here, what we get is noise. A lot of noise, a lot of excess, a lot of vulgarity, but very little real comedy. The film seems to trust that the character’s mere presence is enough. But it is not. The character is exhausted.
It is also hard not to think about Santiago Segura himself. His first film character, in The Day of the Beast, was excellent. There he had a very powerful comic and disturbing presence, something dirty, strange and memorable. With Torrente, he later created an enormous popular phenomenon, and that is undeniable. But popularity does not mean quality. The fact that many people watch it in cinemas or on platforms does not make the film good. Shit is also surrounded by flies, and that does not mean we eat it.
Torrente Presidente tries to present itself as a distorted mirror of contemporary Spain, but the mirror is already too fogged up. What may once have had something of the grotesque now feels like industrial repetition. Politics, the media, celebrities, extremists, the easily offended and the loudmouths all go through the grinder, but the film does not say much about any of them. Rather than satire, it feels like an accumulation of gags.
The first Torrente worked because the character appeared for the first time and still had some shock value. The rest of the saga, including this one, feels to me like more of the same: vulgarity without real humor, provocation without intelligence and the endless exploitation of a joke that already gave everything it had to give. It is not worth wasting even a minute on.